Historias de la ELAM en Haití

 Haití cuenta con jóvenes excepcionales para sanar sus heridas.

LETICIA MARTÍNEZ HERNÁNDEZ    

PUERTO PRÍNCIPE, Haití – ¿Quiénes son estos muchachos que sin mirar hacia atrás dijeron sí para sanar en Haití?  ¿De dónde vienen? ¿Qué hacían antes? ¿Por qué viven con tanta fuerza estos días infernales? ¿De dónde sacan tamaña energía.  Ayer buscando respuestas. Y estas son las historias de tres jóvenes graduados de la Escuela Latinoamericana de Medicina que intentan curar las heridas dejadas por el terremoto, mientras añoran familias, países y estudios postergados.

EL PAPA DE DANIEL DAVID

Cuando el médico argentino Sergio Causa salió de Camagüey para La Habana su esposa contaba con 40 semanas de embarazo. Pero no hizo más que poner un pie en la capital, cuando a Daniel David le dio por nacer. Sergio no podía creerlo, estaba punto de salir hacia Haití, sin saber cuando vería, por vez primera, a su pequeño.   

“Yo hacía mi guardia en el policlínico cuando me avisaron de que teníamos una reunión urgente. Allí nos preguntaron si queríamos venir y enseguida firmé mi disposición. Cuando llegué a La Habana, un muchacho del grupo hablaba por teléfono con su novia, que es anestesista en el Hospital Materno de Camagüey, y me dice que en ese mismo instante mi esposa estaba pariendo allí. Sentí una gran impotencia, siempre quise estar con ella y recibir a mi bebé. Pero me hice médico para estar donde me necesiten.

“Mi esposa también es doctora. Tenemos un niño de tres años y este segundo de solo diez días. Con ella ya hablé y supe que tuvo un parto hermoso, y que el niño mayor está muy contento con su hermanito. Le llamamos Daniel David”.

Sergio conoció a su pequeño, hace solo dos días: “Lo vi por fotos y fue muy fuerte, me puse a llorar como un bebe. Todas las noches, aquí en el campamento, me acostaba pensado en cómo era, me lo imaginaba, pero verlo ayer fue una gran alegría, un tremendo alivio ver que los tres están bien. En Cuba no podían estar de otra forma”.

DE LA MANUELA ESPEJO A HAITÍ

A Patricia, una joven ecuatoriana graduada de la ELAM, la Misión Manuela Espejo le hizo conocer verdaderamente a su país. “Yo no  conocía Ecuador, no sabía la realidad de mi tierra, de cómo viven muchos en condiciones paupérrimas, infrahumanas… El estudio de las personas con malformaciones genéticas me ha acercado más a mi gente”. Así habla esta doctora que ahora sana en Haití.

“Recuerdo un viejito ciego e hipertenso que vivía en una casita hecha de caña, con solo un perro por compañía y que dormía sobre tablas viejas. También a otra señora mayor que vivía rodeada de conejos y que nunca en su vida un médico la había tocado. Cosas como así, que te estremecen el corazón incluso cuando las cuentas, vi en mi Ecuador”.

– ¿Entonces estas listas para la misión en Haití?

“Uno nunca está preparado, siempre hay situaciones que te van a impactar, que te harán aprender, pero me siento bien y acepto el desafío. Ahora estoy consultando, junto a un grupo de jóvenes, en Canaán, la localidad más alejada del campamento. Caminamos casi cinco kilómetros con las mochilas llenas de medicamentos y pomos de agua. Es muy impresionante lo que vemos, allí todos viven en casitas armadas con trapos, pues llegaron al lugar luego del sismo.

“Extraño mucho las emociones de la misión Manuela Espejo, pues hacíamos un trabajo muy lindo allá, pero al ver que aquí también hay personas que nos necesitan me siento útil, a pesar de no poder resolverles urgencias como las de una casa o comida”.

-¿Y ese es tu uniforme en Haití?

“Para todos lados voy con mi pulóver y mi gorra de la misión Manuela Espejo, y con el sellito de Free the Cuban Five.  

LA NIÑA QUE ESTUDIÓ MEDICINA

Quizás Susan nunca olvide la primera vez que vio al Comandante Fidel. “En una ocasión llegó a la ELAM, casi nadie sabía que él estaba ahí. Yo salía de la biblioteca cuando me lo tropecé. Me acarició la cabeza y preguntó que qué hacía una niña estudiando medicina en Cuba. No pude decirle nada”.

Esa niña que acarició Fidel está hoy en Haití. Llegó con el grupo de jóvenes graduados de la ELAM que dijo sí al llamado de auxiliar en Haití, y comparte sus días aquí con Herson, su esposo y médico graduado también en Cuba. Dice Herson “que esto no es lo que un matrimonio común viviría pues estamos en una casa de campaña con otros compañeros, pero la prioridad ahora es ayudar al pueblo haitiano”. Y acota Susan que se conocieron allá en Cuba, el 28 de febrero de 1999. Hace dos años y cuatro meses se casaron.

Para Susan lo más difícil en Haití ha sido saber cómo sanar y a veces no poder hacerlo. “Hoy nos llegó un hombre con un trauma craneoencefálico y no tenemos todos los recursos para tratarlo. Los familiares están esperando a que muera de un momento a otro. Así nos ha pasado en días anteriores, que los pacientes por falta de asistencia llegan muy mal. Pero para lograr un mejor sistema de salud estamos todos acá, iremos avanzando poco a poco”.

Aún entre tanta tragedia, Herson tiene claro qué va a enseñar a los hijos que están por venir: “Vamos a hacerles saber que los valores son los mismos para todos, independientemente de dónde y con qué posibilidades se nazca. Debemos ayudar, no es posible vivir en abundancia cuando al lado alguien muere de hambre.

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1 Response to “Historias de la ELAM en Haití”


  1. 1 connergo abril 18, 2010 en 2:21 pm

    !Muchas felicidades a la periodista Leticia Martínez y el fotógrafo Juvenal Balán por recibir el premio periodístico Primero de Mayo!!

    Pa’lante colegas con paso firme y corazón abierto….


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